De todos es conocido que las Islas Canarias posee uno de los mejores cielos para la observación de estrellas a nivel mundial.

Uno de los fenómenos astronómicos que más admiración atrae es la lluvia de estrellas, pero no sólo existen Las Perseidas, quizás las más famosas, también existen “otras lluvias”, como es el caso de Las Gemínidas, que tienen lugar en el mes de diciembre.

El origen de esta lluvia de estrellas, observada por primera vez en 1862, es el asteroide Faetón. Este objeto es un “cometa rocoso”, una especie de híbrido entre asteroide y cometa. Cuando se acerca mucho al Sol, algo que sucede una vez cada 1,4 años, el calor quema los residuos de polvo que cubren su superficie y forma una especie de cola de grava. Además, es probable que Faetón tenga pérdidas por un proceso llamado desecación, porque se calienta tanto en comparación con otros cuerpos del sistema solar al acercarse al Sol, que se cree que las temperaturas tan extremas están implicadas en la destrucción de partes de la superficie cada vez que se acerca al perihelio. Faetón es un asteroide de unos 5 kilómetros de diámetro, la mitad de tamaño del que acabó con los dinosaurios.

Para poder observar con claridad este fenómeno, que mejor lugar que el Parque Nacional del Teide, lugar privilegiado, lejos de las luces de las ciudades, con poca contaminación lumínica.

En el caso de acercarnos al Teide a ver este fenómeno, lo primero que debemos tener en cuenta es que al ser de noche y en invierno, en el caso de las Gemínidas, las temperaturas son muy bajas, por lo que debemos ir preparados para ello. En el caso de poseer un telescopio, debemos ubicarnos en una zona llana, donde colocar el equipo y así poder disfrutar del espectáculo, y para todo amante de este tipo de fenómenos, tener paciencia es una buena característica.

No olvidar que estamos en un espacio natural y que debemos dejarlo tal como lo encontramos, es decir, libre de basuras, y recordar que no podemos salirnos de los senderos e invadir zonas donde haya vegetación que se pueda ver afectada por nuestra actividad.

 

Foto: Instituto Astrofísico de Canarias (IAC)